Perséfone y las semillas de granada



Érase una vez una jovencita muy bella llamada Perséfone, cuya madre era Demeter, la Diosa de todo lo que crece. A Demeter y a su hija les gustaba mucho estar juntas, y vivían en un mundo donde siempre era verano- siempre florecían las plantas y el sol era cálido-.
Pero un día, mientras Perséfone estaba fuera con sus amigas recogiendo flores, escuchó un trueno y sintió que el suelo temblaba bajo sus pies. El suelo se abrió y apareció Hades, el Dios del Submundo, conduciendo un carro llevado por caballos negros. Cogió a Perséfone y se la llevó dentro de la Tierra. El agujero se cerró otra vez con un gran estruendo y todo lo que quedó de Perséfone fue el ramo de flores que estaba cogiendo tirado en el suelo.
Aunque Demeter buscó por todos los lados, no pudo encontrar a su hija. La buscó durante días y más días, demasiado preocupada como para comer o bañarse. Tan grande era la pena de la madre que la Tierra empezó a enfriarse y todo lo verde moría en los campos. No había comida y la gente pasaba hambre.
Mientras tanto, en el Submundo, Perséfone pronto se dio cuenta de que Hades no era tan terrible como parecía a primera vista. De hecho, ella lo podía manejar con sólo su dedo meñique. Él había estado muy solo en el Submundo, y le había dicho que su mayor esperanza era que ella se quedase a vivir con él.
Perséfone no sabía que hacer. Echaba de menos a su madre y el mundo brillante que existía sobre la Tierra. Pero el oscuro y mágico poder de su nuevo status como Reina del Submundo- y su amor por Hades- le daban razones para quedarse. Ella sentía que tenían un trabajo importante que hacer en este profundo lugar.
Ahora bien, Perséfone sabía que si comía o bebía cualquier cosa en el Submundo debería quedarse en él para siempre. Por esto no lo hizo, aunque Hades le imploró y le rogó que aceptara un poco de comida, o un sorbo de bebida.
Sobre la Tierra, Demeter se había enterado finalmente de dónde estaba su hija. Ella pedía furiosamente justicia, insistiendo en que le devolvieran a Perséfone. Al escuchar estas demandas, Hades, tristemente volvió a poner sus caballos negros ante el carro y se preparó para devolver a Perséfone. Pero antes de que se marchasen, él le ofreció una última cosa: una granada madura y roja como la sangre. Mirándole directamente a los ojos, Perséfone tomó sólo seis granos y se los comió, sonriendo un poco por el dulce sabor de la pulpa y frunciendo las cejas ante lo amargo de la semilla central.
Después se dirigieron hacia la superficie de la Tierra, gracias a una brecha que se abrió en el suelo. Al reunirse de nuevo con su madre, Perséfone corrió a echarse en sus brazos, y todas las cosas se regocijaron y crecieron de nuevo. Pero debido a los seis granos de granada que Perséfone había comido, tuvo que regresar al Submundo junto a Hades durante seis meses cada año. Y el regreso se produce en Mabon, el equinoccio de otoño, y el invierno cae entonces en la Tierra. Y con cada primavera, ella regresa junto a su madre, luciendo una corona de flores de manzano, y la Tierra vuelve a florecer.

- Reconstrucción de C. Johnson -


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