Escuela española de aromaterapia...



Y en su casa hacía perfumes: falseaba estoraques, menjuí, ánimes, ámbar, algalia, polvillos, almizcles, mosquetas. Tenía una cámara llena de alambiques, de redomillas, de barrilejos de barro, de vidrio, de arambre, de estaño, hechos de mil facciones. Hacía solimán, afeite cocido, argentadas, bujelladas, cerillas, llanillas, unturillas, lustres, lucentores, clarimientes, albarinos e otras aguas de rostro: de rasuras, de gamones, de corteza de espantalobos, de taraguncia, de hieles, de agraz, de mosto, destilados e azucarados. Adelgazaba los cueros con zumos de limones, con turbino, con tuétano de corzo e de garza, e otras confecciones. Sacaba agua para oler de rosas, de azahar, de jazmín, de trébol, de madreselva e clavelinas, mosquetadas e almizcladas, polvorizadas con vino. Hacía lejías para enrubiar de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marrubios: con salitre, con alumbre e milefolia e otras diversas cosas. E los untos e mantecas que tenía es hastío de decir: de vaca, de oso, de caballos e de camellos, de culebra e de conejo, de ballena, de garza, de alcaraván e de gamo e de gato montés e de tejón, de harda, de erizo, de nutria. Aparejos para baños (esto es una maravilla) de las yerbas e raíces que tenía en el techo de su casa colgadas: manzanilla e romero, malvaviscos, culantrillo, coronillas, flor de saúco y de mostaza, espliego e laurel blanco, tortarosa e gramonilla, flor salvaje e higueruela, pico de oro e hoja tinta. Los aceites que sacaba para el rostro no es cosa de creer: de estoraque e de jazmín, de limón, de pepitas, de violetas, de menjuí, de alfóncigos, de piñones, de granillo, de azufaifas, de neguilla, de altramuces, de arvejas y de carillas e de yerba pajarera. E un poquillo de bálsamo tenía ella en una redomilla, que guardaba para aquel rasguño que tiene por las narices. Esto de los virgos, unos hacía de vejiga e otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo, en una cazuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de seda encerados, e colgadas allí raíces de hojaplasma e fuste sanguino, cebolla albarrana e cepacaballo.
La Celestina , Fernando de Rojas, año 1499



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