La trementina reina alquimista de todos los males



Hay, sin embargo, formas de caminar por el mundo que, más que leerlo, la escriben. Se trata del viaje que deja inscrito encima del territorio sus huellas, mientras dibuja una cartografía de desplazamientos y de lugares de paso. No hay figura arquetípica de esta forma de pasearse por el mundo, como lo es, por ejemplo, en el espacio urbano, la figura del flâneur, pero las trementinaires podrían ser un modelo. Estas mujeres, que recorrían los caminos desde las montañas hasta las llanuras, llevando en sacos cargados a la espalda todo tipo de remedios en forma de hierbas, raíces, setas, ungüentos y remedios diversos, abandonando su hogar para irse se muy lejos y para, después, volver, terminaron dibujando una cartografía de paseo por los bosques y los márgenes de los prados, por los caminos y senderos, sin necesidad de construir vías por los lugares, pero convirtiéndolos en espacios de tránsito. Estas mujeres valientes, movidas por la fuerza titánica de la supervivencia, llevaban lejos de las montañas secretos de las alturas, con la trementina como reina alquimista de todos los males. Recibidas, lejos de casa, siempre con desconfianza, quizá por llevar escrita al rostro la pobreza de sus orígenes, acababan proporcionando una extraña mezcla de mentiras e ilusión. Pero, sobre todo, acababan dejando sobre los lugares que recorrían huellas marcadas: y esto es lo que ha acabado quedando, encima del paisaje, como testimonio de sus desplazamientos, una cartografía de los sueños, el precio de una ilusión.
- Xavier Antich -


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