Fabricar pócimas y curar con sopas de tomillo



El proceso a Blanca Bardiera no es un proceso inquisitorial sino procedente de la curia local. En el caso de Cataluña la persecución de la brujería parece haber sido más intensa por parte de las autoridades locales que por parte de la Inquisición. Por otra parte, las curias locales admitían más fácilmente pruebas generalmente inadmisibles en derecho, aunque ya hemos visto que esto era frecuente en los procesos por brujería en general.

Blanca Bardiera era una mujer pobre, que trabajaba en diversas labores del campo, en la vendimia, arrancaba las malas hierbas, y a veces también se empleaba en el servicio doméstico o de lavandera. Su edad aparece indeterminada, aunque la lectura del texto parece indicar que debía estar entre la mitad de la treintena y el comienzo de la cuarentena. Está casada, pero su marido permanece ausente durante todo el proceso, apareciendo solamente como fiador al salir en libertad bajo fianza. Blanca se enfrenta al juicio en solitario, sin el supuesto apoyo y protección del matrimonio. Por otra parte, es extranjera, francesa, que emigra a Sant Feliu de Llobregat coincidiendo con las olas de inmigración francesa a Cataluña durante los siglos XVI y XVII, con todos los problemas de integración y xenofobia anejos a los movimientos migratorios protagonizados por los pobres.

Aunque durante el proceso Blanca niega las acusaciones, parece obvio por las declaraciones de los testigos que conocía algunas recetas curativas, de lo cual no se deduce que fuera sanadora, aunque no sabemos si lo había sido en Francia. Se le atribuye la curación de una testigo gracias a unas sopas de tomillo preparadas por ella. Muchas mujeres conocían remedios caseros que formaban parte de la sabiduría popular, difundidos por sanadoras, transmitidos de madres a hijas y entre vecinas o parientas.

Blanca era también una mujer que contestaba, conocidas sus rencillas con una vecina, Maciana, que la acusaba de haber causado la muerte de su hija de 16 ó 17 meses.

El proceso se inicia el día 27 de noviembre con el interrogatorio de diez testigos. Al día siguiente Blanca es recluida en la prisión, tomándole declaración el día 5 de diciembre, en la cual niega todas las acusaciones. El fiscal pide que se apruebe la aplicación de la tortura, que se autoriza pero que no se le llega a aplicar, parece ser que debido a que la autoridad local no lo consideró necesario en este caso. Aquí Blanca tuvo suerte, ya que los procesos de brujería solían ir acompañados de torturas. También fue positivo el hecho de tener cuatro testigos que atestiguaron a su favor. Los dieciséis testigos de la acusación la acusan de provocar la muerte de bebés, de predecir y/o causar la enfermedad o muerte de otras personas y de fabricar pócimas y curar con sopas de tomillo. La lectura del proceso muestra la alta mortalidad infantil de la época y que detrás de la muerte de algunos de estos bebés se encuentran no sólo enfermedades sino negligencia y malos tratos de los que era fácil culpar a alguien de fuera de la familia. Los testigos de la defensa manifiestan la bondad de la acusada hacia los demás. En total fueron interrogadas doce mujeres y cuatro hombres por parte de la acusación y tres mujeres y un hombre por parte de la defensa. Ocho testigos de la acusación y uno de la defensa eran franceses.

Al final del proceso Blanca sale en libertad bajo fianza. Probablemente huyó de Sant Feliu para instalarse en otro lugar donde no la conocieran. Seguramente muchas otras brujas habrían actuado de la misma manera. Si tenía la posibilidad de integrarse y no llegaban los rumores de su anterior proceso, quizás sobreviviría sin grandes problemas.

Isabel Pérez Molina


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