Entrevista a trementinaire centenaria



El 2 de febrero pasado Cándida Majoral hizo cien años. A los seis años ya iba con su madre a hacer de trementinaire

- ¿Está contenta de haber llegado a los cien?
Suficiente! Hay pocos que lleguen. Me hizo mucha ilusión.

- ¿Como se encuentra de salud?
Muy bien. Hace dos años me rompí el fémur, pero ahora no me duele nada.

- ¿Qué le gusta hacer durante el día?
Me levanto temprano, a las 6, y durante la mañana estoy en casa. Por la tarde vengo a la peluquería de mi hija, donde ayudo barriendo. Y hasta el año pasado lavé cabezas.

- ¿A qué se dedicaba cuando era joven?
Uy! Si hacía de trabajo, entonces. Cuidaba del ganado, del campo y era trementinaire, al igual que mi madre y todos los de casa. Crecí en Cal Peret, en Cornellana [la Vansa y Fórnols, Lleida].

- ¿Qué recuerda de la época que hacía de trementinaire?
Recogíamos hierbas para que la gente se pudiera hacer aguas. Vendíamos de todo tipo. También aceite para curar el tifus, para hacer cataplasmas. A los seis años ya iba con mi madre, que me enseñaba.

- ¿Le tocaba ir muy lejos a vender?
Íbamos hasta las quinientas, todo a pie. A Arbúcies, Castellterçol, Breda ... Y dormíamos en las casas de payés.

- ¿Cómo lo ha hecho para estar tan bien de salud?
No siempre he estado bien. Cuando nació mi hija estuve muy enferma. La comadrona no sacó la placenta y estuve cincuenta días en la clínica. No sabían si me saldría. Tenía todos los santos en devoción.

- ¿Tiene ganas de vivir muchos años?
Ya sé que no viviré muchos más años, pero mientras pueda ir haciendo, ya estoy contenta.



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