El Saber Arbóreo



Hombre que para Fergus, el de los festines, enciendes la lumbre,
Sea a flote o en tierra, nunca quemes al rey del bosque.
Monarca de los bosques de Innisfail es la madreselva, a quien nadie ha de hacerla cautiva.
No es esfuerzo de débil soberano abrazar todos los árboles vigorosos de un abrazo.
Si a la dócil madreselva fuego has de prender, abundaran lamentos de infortunio.
Horrible agudeza en las puntas de las armas, o ahogamiento bajo gres olas le sucederán.
No quemes el precioso manzano de rama extendida y caída,
Árbol siempre cubierto de blanca floración hacia cuya hermosa copa
todos los hombres extienden su mano.
El hosco endrino es un vagabundo, una madera que el artífice no enciende.
Por todo su cuerpo aunque breve, los pájaros gorjean en bandadas.
No quemes el noble sauce, es árbol sagrado en los poemas.
En su floración liban las abejas, todas gustan de aquella pequeña jaula.
Quema el esbelto árbol de las bayas, el árbol del hechicero, el fresno,
Prescinde del árbol flexible, no quemes al esbelto avellano.
Oscuro es el color del fresno, madera que hace mover las ruedas.
Ornamentan sus varas las manos del jinete, su forma convierte la batalla en huida.
Perturbador entre los árboles es el maravilloso rosal silvestre, quémalo pues es tan verde y punzante,
Corta, flagela los pies, hace retroceder forzosamente a quien ha de avanzar.
El mas impetuoso dador de calor entre todas las maderas, ese el verde roble,
nadie puede escapar de el sin ser dañado.
Para su placer la cabeza es sometida a dolores, y por sus acres brasas el ojo es resentido.
Aliso, el hechicero mas batallador de todas las maderas, árbol mas fogoso en la batalla,
Indudablemente quemad a vuestra discreción tanto alisos como espinos.
Acebo, quémalo verde, acebo, quémalo seco.
Cualesquiera de todos los árboles decididamente el acebo es el mejor.
Sauco que posee vigorosa corteza, árbol que en verdad hiere con dolor.
Aquí el que engalana cabalgaduras de los ejércitos feéricos,
quémalo de manera que se convierta en carbón.
Así también el abedul, quien siendo derribado, promete duradera fortuna.
Quema con mucha seguridad y por cierto, los tallos de vaina perenne.
Haz sufrir, si tanto ha de complacerte, al tiemblo bermejo para que caiga de cuerpo entero,
Quema tarde o temprano, el árbol que posee rama inerte.
Patriarca de bosques eternos es el tejo, sagrado para las fiestas, como es bien sabido.
Construid de el ahora cubas rojo-sombrías de buen tamaño.
Tu Ferdedh el Fiel, no harías sino cumplir mis preceptos,
A vuestra alma como a vuestro cuerpo, Oh hombre, será razón de beneficio.

Anónimo irlandés, siglo XII. Traducido del gaélico al ingles por Standish O-Grady (1832-1915)


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