El poder sanador de la naturaleza


Mi padre bajó unas cuantas botellas de encima de la chimenea y mezcló varios líquidos en un cuenco. Hizo entonces una compresa doblando un pedacito de franela, lo empapó en el liquido y se la puso al hombro en el costado.
A la media hora se le habían ido los dolores y su cara ya no estaba tan desfigurada como antes. Agarrado a la mesa, en mi excitación, no podía apartar los ojos de él. ¡Era un milagro!
- ¿¡Papá, has hecho eso tú!?
- Querido mío, lo que hace que crezcan las plantas es quien lo ha hecho.

 Hombres, plantas y salud de Maurice Mességué


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