El olfato el emperador de los sentidos



En muchas culturas no occidentales, el sentido del olfato fue durante mucho tiempo el emperador de los sentidos. Para los Ongee de las islas Andamán todo, hasta el universo, se definía por el olor. Su calendario se construye sobre la base de los olores de flores que entran en floración en diferentes momentos del año. Cada estación lleva el nombre de un olor particular y posee su propio distintivo 'aroma de la fuerza'. Además la identidad personal se define también por el olor, para referirse a uno mismo se tocaban la punta de la nariz, gesto que significa tanto "yo" y "mi olor '.
Al saludar a alguien, el Ongee no pregunta "¿Cómo estás? ', si no "¿Cómo está tu nariz? '. La educación ante el saludo pasa por que si la persona responde que él o ella se sienten "pesados con el olor ', el portavoz oficial debe inhalar profundamente para eliminar dicha pesadez. O si la persona saludada indica que tiene poca energía en su olor, es educación proporcionales aroma adicional soplándolo para recargarle.

Los Bororo de Brasil y los Serer Ndut del Senegal también asocian la identidad personal con el olfato. Para los Bororo, el olor corporal se asocia con la fuerza de la vida de una persona, y el aliento con los olores del alma. Los Ndut creen que cada individuo está animado por dos fuerzas de aromas bien definidos y diferentes. Uno de ellos es físico, asociado con el olor del cuerpo y el aliento, y el otro olor es el espiritual, el aroma que se tiene para sobrevivir a la muerte y que ayuda a reencarnarse en un descendiente. El Ndut así puede decir gracias a ello qué antepasado se ha reencarnado en un niño mediante el reconocimiento de la similitud de olor del niño y de la persona fallecida.

En la India, el afectuoso saludo tradicional, equivalente del abrazo o un beso Occidental, era oler la cabeza de alguien. Un texto indio antiguo recoge dicha tradición: "Te huelo en la cabeza, pues es el mayor signo de ternura".

Prácticas similares existían también en los países árabes, donde la respiración en las conversaciones enviaba señales de amistad y buena voluntad, o si se negaba a alguien el olor del aliento significaba evasión de participación en las conversaciones.

En muchas culturas el sentido del olfato era muy valorado y el olor se consideraba la esencia de la identidad personal, dónde a muy menudo éste regulaba cuidadosamente las relaciones y el poder o no mezclarse los unos con los otros tal cual como "mezcla de olores". Muchas de estas regulaciones olfativas cumplían importantes funciones sociales, tales como la prevención de las relaciones sexuales entre parientes cercanos.

Entre los amazónicos Desana, por ejemplo, todos los miembros de un grupo de una tribu creían que compartían un olor similar. Sólo se permitá el matrimonio entre personas de diferentes olores, por lo que los cónyuges debían ser elegidos de otros grupos tribales. Esta creencia se expresaba además en los rituales con los intercambios de bienes en base siempre a diferentes olores: por ejemplo un grupo se presentará ante el otro con un regalo de carne, y entonces el otro presenta a cambio peces, siempre olores totalmente contrarios. Algunos rituales típicos implicaban el intercambio de hormigas diferentemente perfumadas...

El Batek Negrito de la península de Malasia toma el mismo tabú sobre el la mezcla de olores entre parientes cercanos, pero iban un poco más allá: no sólo estaba prohibida la relación sexual entre personas de olores similares, si no que incluso sentados demasiado cerca uno del otro mucho tiempo se consideraba peligroso. Cualquier mezcla prolongada de los olores personales similares se creía que causaba la enfermedad en las personas involucradas y en los hijos que se pudieran concebir.

Los peligros de la mezcla de olores son aún más extremos en otro pueblo de la Península de Malaca, el Temiar. El Temiar creía que cada persona tiene un olor-alma, que se encuentra en la zona baja de la espalda. Si se pasaba demasiado cerca de detrás de una persona, el olor-alma se alteraba y se mezclaban aromas ajenos con el cuerpo, causando la enfermedad. Esto mismo lo evitaban a su vez gracias al mismo sentido del olfato: si sentían el olor de alguien que se acercaba por detrás, era el mismo olor-alma que está avisando y previene de dicha intrusión.

El pueblo Dogon de Mali, creían que el olor y el sonido están intrínsecamente relacionados porque tanto como los olores como el sonido viajan por el aire. Por ello los Dogon decían que "escuchaban" el olor. Además, para ellos el habla mismo creían que está perfumada: así pues un buen discurso, con la gramática y la pronunciación adecuada produce olores agradables (en términos de Dogon, esto significa aromas a aceite y de cocina, aromas muy valorados para ellos), y si el habla no se distingue, no hay buena gramática, o buenas palabras, etc, decían que tiene aromas estancados y desagradables. A los niños mayores de diez años que persistían en cometer errores de gramática o de pronunciación si no mejoraban les perforaban la nariz como correctivo.  Ante esto no podemos evitar preguntarnos, sin embargo, si los antropólogos a veces confunden las expresiones metafóricas de las creencias que estudian de dichos pueblos de manera demasiado literal, pues asimismo si un Dogon nos visitara podría concluir con la misma facilidad que para nosotros las palabras también tienen aroma y que si son malas en los niños creemos que lavando con jabón sus bocas ahuyentamos las malas palabras...!!!

Fuente: Informe de los aromas de K.Fox

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