La Rosa Cherokee


Del Sendero de las Lágrimas surge la leyenda de la Rosa Cherokee. Se cuenta que, durante la travesía, las madres de los cherokees se lamentaban y lloraban tanto, que eran incapaces de ayudar a sus hijos a sobrevivir al viaje. Los ancianos suplicaron por una señal divina que ayudará a las madres a levantar el ánimo y a darles fuerza para seguir.
Durante aquel camino de la libertad a una semi-esclavitud, los ancianos de la tribu oraron a "El Más Grande" (The Great One), pidiendo una señal para animar los espíritus de esas madres destrozadas. Y la leyenda cuenta que El Más Grande habló a los ancianos:

"La planta crecerá rápido, entonces volverá a la tierra y otro tallo surgirá. La planta florecerá blanca, una preciosa rosa con cinco pétalos y oro en el centro para simbolizar la avaricia de los hombres blancos por el oro de sus tierras. Cada hoja contendrá siete pequeñas hojas, una por cada clan Cherokee. La planta será fuerte y crecerá rápido a lo largo de la tierra y del Sendero de Lágrimas. El tallo será pegajoso, protegiéndola de los que quieran intentar moverla, reclamando así la pérdida del hogar Cherokee."

Al día siguiente de esta súplica, una preciosa flor empezó a crecer donde las madres habían derramado las lágrimas. La flor es blanca por las lágrimas, el centro dorado por el oro robado a los cherokees y tiene siete hojas en cada tallo por cada uno de los clanes cherokees.
Esta leyenda aún está presente en la sociedad americana y es la flor oficial del estado de Georgia. Actualmente, el Sendero de las Lágrimas es una ruta de peregrinación.
Fuentes: thecookiejam , cienpiesviajes

En los viejos tiempos, nuestras madres se consagraban por entero a la responsabilidad que recibían; y, como solía decir un célebre jefe de nuestro pueblo: "Los hombres pueden matarse unos a otros, pero nunca pueden vencer a la mujer, porque en la quietud de su regazo está el niño. Podéis matarlo una y otra vez, pero él vuelve a surgir de este mismo dulce regazo -un don del Gran Dios a la raza, en el que el hombre es tan sólo un cómplice.."
Esta madre salvaje no sólo posee como guía la experiencia de su madre y sus abuelas y las reglas aceptadas de su pueblo, sino que también trata humildemente de aprender una lección de las hormigas, las abejas, las arañas, los castores y los tejones. Estudia la vida familiar de los pàjaros, tan exquisita en su intensidad emocional y su paciente devoción, hasta que le parece sentir el corazón maternal universal latiendo en su propio pecho."
C.H. A. Eastman (OHIYESA), El alma del indio.






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