Incienso, la resina que acerca al hombre a los dioses


El segundo dato importante a tener en cuenta del reinado de Hatshepsut es el viaje al país de Ponto. Este país, que sin duda era Somalia, es el lugar donde crece el árbol del incienso. Debido a la importancia de esta resina para el culto egipcio, la reina quiso aclimatar estos árboles en los jardines de Deir el Bahari y, para ello, envió una expedición que se los trajese. Este viaje está representado en muchas ocasiones en los bajorrelieves de su templo jubilar. Se trata de una expedición real, pero su significado es todavía más profundo.

Por encima del aspecto histórico, este acontecimiento, como ocurre con frecuencia en el Egipto antiguo, transmite un contenido simbólico fuerte. Al enviar a aquellos hombres en busca del árbol del incienso, la reina trata de traer a Egipto, para cultivarla, esta planta mágica, cuya resina odorífera acerca al hombre a los dioses. Por tanto, este viaje marca una etapa nueva en la búsqueda mística y da, en cierto modo, un impulso a un nuevo periodo de intensa búsqueda espiritual, que ha de desarrollarse a lo largo de toda la dinastía XVIII. Hay un signo revelador de esta nueva orientación: la ovación que le hacen los egipcios a su reina en el momento de regreso de la expedición del Ponto. Efectivamente cuando Hatshepsut recibe los barcos cargados con los preciosos árboles del incienso, asume el papel de una diosa:

“Los miembros recubiertos de mirra y un perfume divino que emanaba de ella se mezcló con el del incienso divino del Ponto. Su piel chispeaba oro blanco, resplandeciente como las estrellas , en la sala de las fiestas, ante todo el país.”

La herencia espiritual del antigua Egipto, C. Larré


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