El placer de los aromas está intrínsecamente relacionado con el instinto de supervivencia

"Cuando nos dan a luz, lo primero que hacemos es seguir el rastro de la leche materna. Es el olfato el que nos lleva hasta la punta de su pezón. El placer de los aromas está intrínsecamente relacionado con el instinto de supervivencia, que, a su vez, depende de ese disfrute que conlleva aspirar las fragancias, pues no hay mejor manera de saber lo que va a ser bueno o no para nosotros. Cuando lloramos sin saber muy bien por qué lo hacemos, vivimos un tipo de experiencia primigenia. Y esto es así porque la zona del cerebro en la que se procesan los olores está estrechamente vinculada con esa otra en la que se desenvuelven las emociones."
A través del olfato podemos deleitarnos o sentir repugnancia. El olor está conectado con las emociones, formando parte de todo lo que...
RTVE.ES

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