Las trementinaires eran curanderas que conocían bien las plantas y sus virtudes medicinales

Ginesta, retama de olor, planta de flores amarillas.
El siguiente grupo de personajes no se pueden considerar ni brujas, aunque seguramente lo habrían sido si hubieran vivido un par de siglos antes.
Tienen el rasgo en común de haber preservado un conocimiento ancestral basado en el ritual, la invocación o el conocimiento de los secretos mágicos de la naturaleza a finales del siglo XIX y a principios del XX.

Empezaré hablando de Margarida Robusté Bosch quizás la última trementinaire de Palamós. Las trementinaires eran curanderas que conocían bien las plantas, sus virtudes medicinales y los procesos de elaboración de los remedios ancestrales adquiridos por transmisión oral. De todos los remedios que distribuían, uno de los más solicitados era la trementina que extraían de la resina del pino, de ahí a que la gente conociera a estas mujeres medicina (remeieres) con el nombre de trementinaires.
Margarida nació en Palafrugell 1876 y se casó en Palamós con el taponero Francisco Margarit (1.879 a 1.942). El entonces médico de Palamós, el doctor Jaume Maruny, le enseñó todo lo que había que saber para ser trementinaire. La mujer iba a cosechar hierbas y plantas a Cap Gros y a la Fosca a fin de preparar ungüentos para el médico. Tras la muerte del doctor Maruny, en 1925, Margarida continuó recibiendo la gente en su casa y les proporcionaba remedios de todo tipo. Entre sus recetas, las más solicitadas eran las esencias y ungüentos de ginesta (retama de olor), que iban muy bien para las picaduras, o los cataplasmas de cactus, que extraía haciendo sudar las hojas de este vegetal y de gran utilidad contra los problemas respiratorios. Margarida vivió desde 1920 en diferentes inmuebles de la calle Salvador Albert i Pey, y los últimos años de su vida los pasó en la casa del número 27, todavía en pie, conocida con el nombre de "Can Margarit". Murió en Palamós a finales de 1928.

Donde hoy está la Carnicería Prats de la calle Mayor, a principios del siglo XX se levantaba una casa antigua que nada tiene que ver con la construcción moderna de ahora. En ese inmueble, en el segundo piso, entre 1910 y 1940 vivía  Maria Cama Prats.
Nacida en 1881 en Palamós en la Planassa, tenía la particularidad de poder contactar con el mundo de los espíritus, era lo que conocemos por una médium. A principios del siglo XX, Palamós vivió un gran estallido de espiritismo. Pues bien, gracias a sus facultades, venía mucha gente de todas partes a pedirle consejo. Los recibía en una habitación pequeña donde se sentaba cómodamente delante de una mesa con un papel y un lápiz. La mujer entraba en trance y contestaba las preguntas practicando la escritura automática, es decir grafismos supuestamente guiados por la voluntad de alguna entidad. Cuando la visitaban alemanes y otros extranjeros, María se convertía en una políglota involuntaria. Se daba el caso de que respondía por escrito en la lengua materna del demandante.
La gente de la ciudad acudía para pedirle fórmulas o remedios para curar familiares enfermos. Como siempre, pedía consejo al mundo de los espíritus y escribía la receta en un papel. No sabemos qué fue de María Cama: en los libros parroquiales no figura su fallecimiento, lo que hace pensar que probablemente murió lejos de Palamós, quizá en Barcelona o Figueras, donde tenía hijas casadas.

Autor: Gabriel Martín Roig (Historiador)

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