Sonreír es vivir!!! ♥



Mi mantra siempre ha sido "Sonreír es vivir",
y esta entrevista me ha emocionado mucho,
por elllo quiero compartirlo con todos vosotr@s!!  

La Contra de hoy de la Vanguardia:

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20121220/54358134298/la-contra-olivier-bouyssi.html


"Si le sonríes a la vida, la vida te devuelve sonrisas" 
Olivier Bouyssi, hombre feliz... contra todo pronóstico 

- Cuántas veces ha entrado en un quirófano? 
Perdí la cuenta hace mucho.

- ¿Cuánto tiempo lleva en tratamientos médico? 
¡Años enteros! Desde hace 24 años, cuando el accidente: iba en moto... y un coche me arrolló. Siete costillas rotas, los dos fémures rotos, el cráneo roto y los pulmones encharcados en sangre.

- Para haberse matado. 
Me trasladaban al hospital y casi muero: no podía respirar. Pensé en lo que sé de buceo.

- ¿A qué se refiere? 
Conservé la calma y me concentré en el mínimo oxígeno que captaba. Y resistí. Pero a los pocos meses, recibí el mazazo.

- ¿Qué mazazo? 
"Tiene sida", me diagnosticaron. Infectado en una transfusión de alguna de las cirugías.

- Lo que faltaba. 
Y era a finales de los años ochenta, cuando el sida era letal. Mi sistema inmunitario se hundía. Sentí que me quedaba poco tiempo.

- ¿Y qué hizo? 
Mi sueño era vivir en el Caribe. Y me fui. Sin casi nada, en una cabaña, fui feliz. Y me enamoré de una chica, Mylene.

- Y la enfermedad, ¿qué? 
Cuando me sentí peor, regresamos. Mantuvimos el sida a raya, pero llegó otro revés.

- ¿Qué? 
¡Cáncer! Tres cánceres. Primero, un cáncer de sangre. Segundo un cáncer de recto. Me operaron, no quise la bolsita: fue un año de dolores cada vez que iba al retrete...

- Y tercero. 
Un cáncer de pene.

- Dios santo.
Radiologías, largas quimioterapias, cirugías en pene e ingles... Me quitaron piel de la pantorrilla para trasplantarla...

- ¡Usted ha sufrido lo indecible! 
¡Súmeles tres infartos, por los fármacos!

- ¿Cómo se puede vivir así? 
Los fármacos antisida mermaron mi serotonina y padecí una depresión profunda. Saber la causa me ha ayudado a afrontarla... Y, contra todo pronóstico, ¡soy feliz!

- Ya me explicará el secreto. 
Adoro a mi madre, ¡y sé que ella sufriría horriblemente si me viese morir!

- O sea, que usted sobrevive por amor.
Eso ayuda mucho. Tres veces he estado a punto de morir en la UVI, y las tres he pensado: "¡Mejoraré, seguro, voy a seguir aquí!"

- Aconseje al que esté en un hospital. 
Sé paciente, y ya verás como retomas pronto las riendas de tu vida. Dime, ¿qué miras cuando tomas una curva con tu coche? ¿El morro del coche o la salida de la curva?

- La salida de la curva. 
¡Pues haz igual en todo lo demás!

- ¿Cómo está ahora? 
Este año ha sido el primero sin dolencias.

- ¿Le ha enseñado algo el sufrimiento? 
El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. El dolor te obliga a enfrentarte a ti mismo. Y yo decidí, en vez de compadecerme y sufrir... ¡sonreír!

- Difícil. 
No me lo invento, ¡prueba!: sonríe, y la vida te devolverá sonrisas. ¡La vida es un espejo!

- ¿Puedo elegir la felicidad, pues? 
Sí, puedes entrenarla, como una gimnasia.

- Recéteme tres ejercicios de felicidad.
Uno: cada día reserva quince minutos para ti y revísate, como un capitán a su barco.

- Dos.
Hay cuatro emociones que te visitan a diario: miedo, odio, inferioridad, culpabilidad. Visualiza cuatro marcadores... ¡y vigila que sus indicadores no se disparen!

- ¿Qué conseguiré? 
Ser el capitán de tu barco: tener un ánimo estable, ¡suceda lo que suceda!

- ¿Y el tercer ejercicio? 
Captura fotos mentales de cosas buenas y, antes de dormirte, revísalas y atesóralas.

- ¿Fotos? 
Esta mañana tomaba un café en una terraza, ha pasado una pareja, se han besado tiernamente... Observándoles, he participado de esa ternura. Esta noche atesoraré esto.

- Otra foto. 
Después de semanas de aislamiento esterilizado por la quimio, pasé a planta... ¡y vi una mosca en la habitación! ¡Una mosca!

- ¿Y? 
Sentí que esa mosca que revoloteaba era la vida, la vida que volvía a recibirme. La mosca se me posó en la pierna. ¡Qué gran foto!

- Pequeñas cosas.
Que no son tan pequeñas.

- Ante una adversidad de la vida, ¿no piensa "por qué a mí"?
Soy marino, navego: cuando una tormenta se desata en alta mar... jamás piensas "¿por qué a mí?" No. Sólo actúas... hasta que la tormenta ha pasado.

- Pero lo del pene... ¡Buf! 
A mis amigos les dije: "Van a quitarme cuatro centímetros... pero como Dios fue tan generoso conmigo, ¡no es problema!"

- Qué buen humor.
En vez de llorar, nos reímos. Recuerda: tu capital eres tú. No te subestimes. Cultívate, échate al camino de la felicidad y camina.

- Y cuando su madre muera, ¿qué? 
Viviré por mis amigos: viviré porque no quiero darles un disgusto.

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